Podría pasar 50 años en la cárcel, la monja imputada por abusos sexuales a niños sordos
Juicio

Podría pasar 50 años en la cárcel, la monja imputada por abusos sexuales a niños sordos

Kumiko Kosaka, la monja japonesa, una de las nueve imputadas por los abusos en Mendoza, en el Instituto Próvolo, podría enfrentar la pena máxima por su delito.
04/05/2021
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ste lunes por la mañana comenzó el segundo juicio por los abusos en el Instituto Antonio Próvolo, encontrándose imputadas 9 mujeres, 2 monjas. Una de las religiosas es la japonesa Kumiko Kosaca de 46 años, quien cuenta con acusaciones formales por abusos sexuales simples y agravados  junto a los curas Horacio Corbacho y Nicola Corradi condenados ya a 45 y 42 años de cárcel respectivamente, al jardinero Armando Gómez y el ex monaguillo Jorge Bordón, quienes se encuentran en prisión.

Kosaka recibió 7 imputaciones por denuncias de ex alumnos y alumnas del instituto que funcionó hasta el año 2016, una es como autora del delito de abuso sexual gravemente ultrajante, resultando ser la única imputada que llega a juicio con la modalidad domiciliaria corriendo el riesgo de recibir condena por 50 años, tal el caso de los 4 condenados anteriores.

Sobre kazaka pesan como agravantes haber sido la encargada de la guarda de la víctima y que el abuso se cometió contra un adolescente menor de 18 años, habiéndose aprovechado de acuerdo a la imputación por la convivencia preexistente.

Una de las acusaciones contra la monja es la que hace un joven de haberlo “tocado” mientras estaba en el instituto. Otras imputaciones incluyen hechos registrados entre 2005 y 2007, siendo una ex alumna quien manifiesta que fue obligada a ponerse pañales para ocultar las lesiones por la violación del más joven de los curas, Corbacho, hecho ocurrido 2 veces en horas diferentes. La participación de la monja fue haber ocultado el hecho sin denunciarlo.

 Otra imputación es como partícipe primaria en otro caso de abuso sexual con acceso carnal, en el que se la acusa de haberle entregado a Corbacho a una joven, sabiendo lo que quería hacer y lo que ya había hecho. La joven, menor de edad cuando el hecho ocurrió, había recibido la orden de Kazaka de entrar a la habitación del cura para llevarle una cesta con pan.

La monja también fue imputada por episodios como inducir a las alumnas a tocarse entre sí y permitirles a los niños ver películas pornográficas por la ventana de la habitación de un ex empleado.

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