Recordando a Gonzalo Olguín Pereira, el médico de los humildes
EN MEMORIA DE RICARDO OLGUIN CARREÑO

Recordando a Gonzalo Olguín Pereira, el médico de los humildes

Se cumplen 45 años del fallecimiento del Dr. Gonzalo Olguin Pereira, un médico que claramente honró su profesión, y que permanece en el recuerdo de la gente de Concarán y de los pueblos de la zona de los Comechingones.
16/09/2021
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oy se cumplen 45 años del fallecimiento del Dr. Gonzalo Olguín Pereira, un médico que claramente honró su profesión, y que permanece en el recuerdo de la gente de Concarán y de los pueblos de la zona de los Comechingones, y quisiera recordar a su hijo Ricardo, a quien no conocí personalmente, pero que, a través de un contacto telefónico, un mes antes de su fallecimiento, me dio datos importantes, además de facilitarme fotografías que hoy aprovecho para compartir con todos ustedes. Lamento profundamente que Ricardo no haya podido leer esta publicación sobre su padre.

Gonzalo Edmundo Olguín Pereira nace en la localidad de las Chacras, Departamento San Martín, Provincia de San Luis, el 5 de julio de 1905, hijo de Rufino del Carmen Olguín y Margarita Pereira. Cursa sus estudios primarios en su lugar natal, y el secundario en San Luis en el Colegio Nacional. La muerte de su madre de tuberculosis, cuando él tenía solo 12 años, lo motiva a seguir posteriormente la carrera de medicina, trasladándose a la ciudad de Rosario, donde obtiene el título de médico en 1942.

A instancias de su tío Silvano Pereira, se radica en la localidad de Concarán, donde llega a ser Director del hospital San Pedro, ahora denominado Dr. Rafael Velasco.

Su fuerte vocación médica y su deseo de ayudar a los más necesitados lo lleva a recorrer distintos lugares, atendiendo en la Mina de los Cóndores y en la zona de los Comechingones desde Papagayos a Carpintería, y hasta en ocasiones en Merlo. Atendía también la salud en los establecimientos educativos de Papagayos, Los Puestos, Las Rosas, Villa Larca, Cortaderas, entre otros.  En Cortaderas conoce a Francisca Carreño, con quien contrae matrimonio el 28 de junio de 1957, de esa unión nacen sus hijos Juan Carlos, Ricardo Alfredo y Margarita Graciela.

Adquiere una casa en la zona del arroyo Benítez donde establece su residencia, viajando todos los días al hospital de Concarán. Posteriormente se traslada primero a Tilisarao hasta su radicación definitiva en Concarán, donde durante varios años, hasta 1967 ejerce la dirección del Hospital, siendo reemplazado luego por el Dr. Rafael Velasco, a quien él había convencido para que trabajara en Concarán.

Nunca se desentiende de sus pacientes de la zona de los Comechingones ya que continúa con sus visitas, y hasta un colectivo propiedad de Juan Rodríguez llevaba pacientes a Concarán para que el Dr. Gonzalo Olguín Pereira los atendiera.

Deja profundas huellas por su paso por la zona de los Comechingones, se lo valora por su humanidad, por su capacidad de diagnosticar sin contar con los medios tecnológicos necesarios que facilitasen su tarea, por velar por sus pacientes hasta su mejoría, y sobre todas las cosas por ser un hombre de bien que no se fijaba si el enfermo podía abonar la consulta, a pesar de que su situación económica distaba de ser la ideal. Su hijo Ricardo recuerda que en una ocasión una señora muy humilde fue a hacer una consulta médica y quiso pagarle con una docena de huevos, el Dr. Pereira, le agradeció el gesto, pero le dijo que no, que ella lo precisaba más, y mejor que usara estos huevos para alimentar a sus hijos.

Amigo de sus amigos, también Ricardo se acuerda de que en una visita que realizara a Concarán, el entonces Obispo, Monseñor Carlos Caferratta, su padre le dice vamos afuera a ver pasar al Obispo, y allí contempla con gran sorpresa, que el Obispo al verlo, se detiene, y le dice “Que haces Negro, apenas me desocupo   te vengo a ver” y su padre le contesta “Como te va flaco”. Seguidamente Gonzalo le explica a su hijo, sorprendido por tanta familiaridad, que al Obispo lo conocía por haber compartido parte de los estudios en Rosario. En Cortaderas, era amigo del General Franklin Lucero a quien visitaba cuando éste se encontraba en su Quinta.

Rosa Frías de García, maestra durante varios años de Villa Larca, con un gran afecto, destaca lo siguiente: “Prácticamente el Dr. Olguín Pereira me vio nacer. Era un médico rural, que tenía un don de gente, muy humilde, muy campechano. Conocía como ninguno el valor de las plantas medicinales. Me unía un gran cariño hacia él, su esposa y sus hijos”

Gilberto Zavala, destacado vecino de Concarán, y un gran conocedor de su pueblo y de su gente, lo recuerda de la siguiente manera: “Lo conocí cuando yo era un niño, tengo grabada en mi memoria, su figura, su imagen de hombre corpulento, de cuidados bigotes y cabellos negros, al encorvado y de caminar pausado. Lo recuerdo en su diaria tarea de visitar en sus domicilios a sus pacientes o acudir al llamado de algún vecino para su asistencia, siempre acompañado de su maletín con insumos relacionados con su profesión. Tenía el consultorio en su domicilio particular ubicado en la calle Hnos. Mora, frente a la Plaza principal. Había conseguido un gran prestigio como médico, ya que sus acertados diagnósticos eran el fruto de su capacidad como profesional, de su experiencia y de sus innatas condiciones para localizar los síntomas de una afección o de una enfermedad. “

Además de su actividad ejerciendo la medicina, Gonzalo Olguín Pereira tiene participación política en el Partido Demócrata Liberal, llegando a ser Convencional Constituyente en la reforma provincial de 1962.

Participa en comisiones del club BAP, llegando a ocupar la Presidencia de dicho club, Presidente Honorario de la Comisión de la Asociación Cooperadora de la Escuela de Papagayos, donando una hectárea de terreno con el fin de que se construyese el edificio propio de dicho establecimiento educativo.

También lleva a cabo tareas agrícolas y cría de conejos en un campo que adquiere en Balcarce.

Muere el 16 de septiembre de 1976 a los 71 años de edad, en Concarán víctima de leucemia siendo sepultados sus restos en el Cementerio de dicha localidad.

Jesús Liberato Tobares en su libro Médicos y Boticarios Puntanos de Antaño culmina con unas frases que sin dudas le caben muy bien a la persona que fue Gonzalo Olguín Pereira “A través de estas páginas rendimos nuestro homenaje a todos los médicos rurales que en permanente aparcería con el dolor y la muerte aliviaron el sufrimiento ajeno y ejercieron un verdadero apostolado de solidaridad en medios pobres y abandonados. Muchos de ellos han muerto sin que nadie los recuerde ahora. Triste destino el del médico de campaña que después de años de lucha ve agotarse su ilusión atrapado por la rutina y mediocridad del medio ambiente, y más triste el de aquellos que discriminan diagnósticos y tratamientos según la posición económica del paciente. Pero frente a las tristes distorsiones profesionales está la otra hermosa realidad, la del médico recto y honesto que lucha con dignidad y no capitula frente a la ignorancia y la pobreza de la gente, ni ante la indiferencia ni la desidia oficial. Estos médicos son los que junto al maestro rural dan testimonio, no de un simple compromiso profesional sino de una honda vocación de amor y solidaridad

Como modo de reconocimiento a su labor, y por iniciativa de los Diputados Provinciales por el Departamento Chacabuco, María Elena D´ Andrea y Luis Schlussel, se sanciona la ley 822-2012 mediante la cual se designa al Centro de Salud de Cortaderas con el nombre de “Gonzalo Olguín Pereira. Al momento de fundamentar su proyecto la Diputada D´Andrea, entre otros conceptos expresó: “Colocarle este nombre al Centro de Salud es un derecho ganado en la historia de los pueblos, ya que ser médico es un apostolado y ser médico rural en aquellos tiempos donde no existía la tecnología actual, solo la sabiduría, la humildad y el espíritu de servicio es doble mérito, engrandeciéndolo y enalteciéndolo para catapultarlo a un sentimiento muy profundo en el corazón de los habitantes de Cortaderas y zonas aledañas”

Queda pendiente que la localidad de Concarán, que lo tuvo como un médico reconocido, director de su hospital y vecino destacado de la misma, le dé el reconocimiento que se merece, imponiendo su nombre a una calle o a un espacio público.

 

POR JOSE MARIO COSTAMAGNA

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