Poeta máximo
"Los poetas no mueren": Se conmemora el cincuentenario del fallecimiento de Antonio Esteban Agüero
Su deseo de que Merlo no fuese conocido únicamente por su casino, sino por el trabajo de sus habitantes, se ha cumplido, ya que el crecimiento experimentado por la ciudad no se debe al juego, sino a la explotación de sus recursos naturales, su clima privilegiado y la laboriosidad de sus habitantes.
Los últimos tiempos de su vida fueron difíciles para él, se encontró acorralado por una situación económica complicada, por la indiferencia de muchos, y luchando prácticamente solo.
Martha Gassó en “Agüero su universo policromo” cita una reflexión del profesor Gregorio Morán publicada en el Diario “La Arena” de la Pampa donde entre otras cosas dice lo siguiente: “...en los últimos años de su vida padeció la mezquina insensibilidad de los organismos oficiales y otro poco el olvido y hasta la incomprensión de algunos de sus comprovincianos, ya que le preocupaba enormemente el quehacer cultural de la provincia y le dolía su desesperada impotencia al no poder publicar su importante obra inédita por falta de recursos materiales, y esto tal vez contribuyó a llevarlo más pronto hasta la muerte”.
Falleció en la ciudad de San Luis el 18 de junio de 1970 contaba con 53 años y la causa de su fallecimiento fue aneurisma cerebral.
El historiador Hugo Fourcade al despedir sus restos entre otros conceptos expresó: “Yo no vengo en esta tarde triste y gris a despedir los restos mortales de Antonio Esteban Agüero asumiendo, merecida o inmerecidamente la representación de nadie. Detrás de mi presencia y de mi palabra no hay grupos, ni cenáculos, ni facciones, ni partidos, ni gobiernos, ni banderías, ni clases. Nadie me acompaña, estoy solo llorando la partida de un amigo, de un hermano entrañable. Tengo plena conciencia de que esto es así y por eso he venido a decirlo y a gritarlo si fuera necesario, porque Antonio Esteban Agüero ya no me pertenece a mi, ni a nadie, ninguno presente o ausente puede reclamarlo como propio, tan solo Dios que ayer recupero a su pequeño cantor, aquel niño de mirada pura y honda que nació en la montaña, aquel joven soñador que se refugió en la Escuela Normal de Maestros, aquel fruto primigenio del Ateneo de la Juventud “Dr. Juan C. Lafinur”.
Quince días después de su muerte, la Intendencia de Merlo y una comisión asesora resolvieron poner el nombre del Poeta a la calle que pasaba por frente a la casa del mismo, lo que se instituyó en forma inmediata.
Se formó una comisión integrada por el Cura Párroco, el Dr. González Volonté y el Intendente Julio Falco para gestionar los traslados de los restos al pueblo con los honores que le corresponden.
Recién para el 12 de octubre de 1984 sus restos llegaron a la Villa ante un multitudinario público, destacándose el homenaje de los niños de la escuela de Piedra Blanca, recién a partir de ese momento comienzan los reconocimientos, dando su nombre a calles, escuelas, bibliotecas, al escenario donde se lleva a cabo el Festival de Merlo, y a un dique, y con el tiempo el cumplimiento de algo muy deseado por el poeta, la difusión de su obra, gracias a la edición llevada a cabo por la Universidad Nacional de San Luis.
Antonio Esteban Agüero no fue valorado mientras vivió, como lo hubiese merecido, cosa que no tiene por qué sorprendernos porque así es la realidad de nuestra Argentina, pero su obra trascendió y su nombre y su obra han quedado plasmadas para la posteridad, es que como en su momento dijo: “Los poetas no mueren, necesitan de su ausencia física para vivir más próximos al pueblo”
NORA COSTAMAGNA- JOSE COSTAMAGNA