Enero mes fundacional
Merlo: Ordenar el territorio sin demoler nuestra historia
El presente artículo constituye una columna de opinión en la que el autor reflexiona y analiza el proceso de debate del Plan de Ordenamiento Territorial de la Villa de Merlo, en el marco de la Audiencia Pública convocada para el 27 de febrero. Las ideas y valoraciones expresadas responden exclusivamente a su mirada personal, construida desde la experiencia en la función pública y el compromiso con la preservación del patrimonio histórico, cultural y ambiental de la ciudad.
El próximo 27 de febrero, Merlo enfrentará una nueva audiencia pública para debatir su Plan de Ordenamiento Territorial. Celebro esta instancia de participación, aunque asisto a ella con la memoria activa y cierto escepticismo: a decir verdad, todavía estoy esperando respuestas sobre las propuestas que presenté en 2024, durante la "Sesión Verde". Sin embargo, la urgencia de proteger lo que nos queda exige no guardar silencio.
Veo con profunda preocupación cómo las nuevas urbanizaciones y las obras avanzan con una lógica depredadora. Merlo posee vestigios de valor patrimonial incalculable que hoy están invisibilizados: desde muros de adobe y pircas de piedra que narran nuestra identidad serrana, hasta antiguas represas de propiedad fiscal y cauces secos que marcan la memoria del agua. A esto se suma el triste estado de edificios públicos históricos, hoy en total desamparo (Enfermería San Roque por ejemplo).
Hoy, las áreas de Inspección y Obras Públicas —tanto municipales como provinciales— carecen de criterios rigurosos en aspectos patrimoniales y de valor ecológico. En nuestros espacios públicos perviven talas y algarrobos de más de 150 años, testigos mudos de nuestra historia que a menudo son tratados como estorbos en un plano.
No planteo utopías, sino modelos posibles. Vivo en el Barrio Dabal, un ejemplo concreto de que otra urbanización es viable. Allí, los algarrobos añosos y las acequias antiguas están preservadas, integrándose en plazas y bulevares. Si en Dabal logramos esa armonía, ¿por qué permitimos que en el resto de Merlo impere la topadora?
Somos una comunidad atravesada por una fuerte inmigración, lo que nos da una identidad dual: somos todavía ese pueblo donde se conserva la calidez de conocernos por el nombre, pero que hoy convive con una marcada acentuación cosmopolita. Ante esta realidad, es vital que el Estado funcione como un faro. Necesitamos normas claras que ordenen este crecimiento y promuevan una convivencia menos "apurada" entre el habitante y el entorno.
Un ordenamiento territorial que no proteja nuestra historia y nuestra naturaleza solo servirá para organizar nuestra propia decadencia turística y cultural.
Por Sergio Escudero, Concejal mandato cumplido / Historiador.