Contrataque oficial
Una puntera de la familia Álvarez pidió la destitución de concejales opositores
El Concejo Deliberante de la Villa de Merlo volvió a ofrecer una escena difícil de disimular incluso para los más indulgentes con la política local. Esta vez, el episodio tuvo como protagonista a Jimena Benítez, presentada como “vecina” y “referente social”, aunque con evidentes vínculos con el oficialismo, que utilizó la Banca del Vecino para pedir nada menos que la destitución de dos concejalas opositoras.
El movimiento no fue improvisado. La llamada “banca ciudadana”, una herramienta pensada para canalizar la voz de los vecinos, se transformó en un dispositivo funcional al poder. Allí, Benítez desplegó un discurso cargado de alineamiento político y acusaciones directas: habló de “irresponsabilidad institucional” y reclamó que se analice la continuidad en el cargo de las edilas Ferrarotti y Miranda.
Pero lo más revelador no fue el pedido en sí, sino el tono y el contenido de los argumentos. En un escrito manuscrito presentado previamente, la expositora fue más allá: “pedimos la destitución de sus bancas por ser desestabilizadores institucionales”. La frase, más cercana a la lógica de trinchera que al debate democrático, dejó flotando una pregunta incómoda: ¿desde cuándo disentir equivale a desestabilizar?
El texto también incluyó una defensa encendida del liderazgo local, con tintes casi épicos: “Juan Álvarez fue la persona que abrazó con el corazón a todos nosotros y de a poco fue levantando a Merlo con convicción, coraje y visión”. Y remató con una advertencia implícita: “no vamos a permitir que se llenen la boca hablando de él”.
La escena se completa con la difusión oficial del episodio, en la que se detalla con prolijidad la presencia de cada concejal y se legitima el planteo como parte del funcionamiento institucional. Incluso se informó que las notas fueron giradas a comisión “para darles el correcto tratamiento”, como si el contenido no ameritara al menos una pausa reflexiva.
El cierre del escrito aporta la cuota final de épica política: “gracias Juan Álvarez Pinto por todo lo que has logrado en estos seis años y sé que vas por más, estamos orgullosos de vos, sos un gigante entre gigantes”. Un tono que desborda reconocimiento y se acerca peligrosamente al culto personal que emocionó a concejales oficialistas como María José Álvarez (hermana) y Lucas Di Diego que estuvieron al borde de las lágrimas.
En tiempos donde el descrédito de la política se alimenta de gestos como estos, el episodio deja más que una anécdota: muestra cómo las herramientas participativas pueden ser colonizadas por el poder, y cómo el debate democrático corre el riesgo de convertirse en una puesta en escena donde los roles ya están asignados.
En Merlo, la política no solo se discute: también se actúa. Y a veces, con un guion demasiado evidente.
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