La carta que lo cambió todo: de la “Billa” de merlo a la resistencia de Piedra Blanca
Celebramos un nuevo aniversario, pero nuestra historia es mucho más antigua que el nombre que llevamos.
A veces, la identidad de un pueblo no se define en los grandes despachos, sino en los errores de un manuscrito.
Existe una carta fechada el 24 de mayo de 1864 que funciona como el eslabón perdido de nuestra historia.
El autor es el Coronel Nicasio Mercau y el destinatario, el entonces Gobernador de San Luis, Juan Barbeito. En ese papel, donde el Coronel informa -desde el territorio fundado en 1797- sobre cuestiones administrativas, la pluma se desliza con una ortografía muy particular: escribe "hordenes" con hache, "haci" y "nuebo".
Pero el "error" más trascendente no es gramatical, sino histórico. Al referirse a nuestro pueblo, Mercau estampa una firma de identidad definitiva: "Billa de Merlo".
Así, con "B" larga y, lo más importante, con una "R" intrusa. Ese documento nos grita una verdad: para mediados del siglo XIX, el nombre oficial impuesto en la fundación había muerto. La gente ya no vivía en "Melo", vivía en Merlo.
El nombre que nadie quiso usar
En enero celebramos oficialmente 229 años de aquel acto fundacional de 1797. Pero la realidad es que el Marqués de Sobremonte, quien ordenó la fundación, intentó algo que la comunidad nunca aceptó del todo: borrar el nombre ancestral de Piedra Blanca para imponer el de Villa de Melo (en honor al virrey de turno).
La imposición burocrática fracasó estruendosamente. Los papeles decían una cosa, pero la vida decía otra.
Después de 1797, los jueces de agua, los encargados de los curatos y hasta los vecinos en sus testamentos seguían llamando al lugar "Piedra Blanca", ignorando la orden del Marqués.
Con el tiempo, la fonética hizo su trabajo. La confusión o la costumbre deformaron el "Melo" original hasta convertirlo en el "Merlo" que el Coronel Mercau escribió con tanta naturalidad (y con B larga) en aquella carta.
Mucho antes de la firma
Si dejamos los papeles de lado y miramos la tierra, la historia se alarga. Cuando el General Juan de Videla sugirió a las autoridades "fundar" un pueblo, no estaba inventando nada.
Ya había allí una capilla muy rústica y alrededor de 74 casas dispersas.
La vida en este rincón serrano tiene, según registros, más de 300 años. No esperamos al decreto para existir.
Parajes como Cerro de Oro ya tenían movimiento, y Cañada Negra funcionaban como una posta clave que conectaba el tránsito hacia el norte, uniendo la región con la Traslasierra cordobesa. Incluso las alturas estaban habitadas.
Los testimonios orales que han sobrevivido al tiempo relatan que, en aquellos años, muchas familias emigraban desde Calamuchita hacia el poniente para instalarse en la cumbre, haciendo patria entre las piedras y el viento mucho antes de que llegaran los mapas modernos.
La geografía de la memoria
Al final, la "Billa" de Merlo se quedó con el nombre oficial, pero la memoria es tozuda y guardó el nombre original en su lugar de pertenencia.
Aunque hoy todos somos merlinos, el nombre Piedra Blanca resistió atrincherado en el norte. Desde el Arco de Barranca Colorada hacia el norte, la identidad antigua se conserva intacta, con su propio arroyo y hasta cruzando el límite en el "Alto de Piedra Blanca".
Fuente: Nora Costamagna y Archivo Histórico de San Luis.
Por Sergio Escudero
Sobre el autor: Sergio Escudero es editor de "Voces de la Sierra", libro de próxima aparición.