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Pablo Pérez Paladino: “Se ganó la Ley de Glaciares, pero se perdió la narrativa”

Un informe de la consultora Enter Comunicación, elaborado por Pablo Pérez Paladino, revela que, pese al avance legislativo, el rechazo dominó el debate en redes. El daño ambiental se impuso sobre el discurso del desarrollo y el empleo.
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Pablo Pérez Paladino: “Se ganó la Ley de Glaciares, pero se perdió la narrativa”

La aprobación de la reforma vinculada a la Ley de Glaciares en la Cámara de Diputados dejó una conclusión incómoda para el oficialismo y para el sector minero: se puede ganar una votación clave en el Congreso y, al mismo tiempo, perder la discusión pública. Esa es la principal conclusión del informe de monitoreo de conversación digital elaborado por la consultora Enter Comunicación, bajo la dirección de Pablo Pérez Paladino, que analizó el impacto del debate en redes sociales.

El estudio registró 41.972 menciones generadas por más de 24.000 usuarios únicos, con un alcance potencial superior a los 16 millones de personas. Sin embargo, el dato más contundente no fue el volumen, sino el clima: el 67,5% de la conversación fue negativa, frente a un 31,4% positiva y una participación neutral prácticamente inexistente. En términos simples: la ley avanzó, pero la narrativa quedó del lado contrario.

El informe señala que el problema no fue técnico ni normativo, sino cultural y comunicacional. Mientras el oficialismo intentó posicionar la reforma desde la modernización y el desarrollo, la conversación orgánica en redes se concentró en un eje mucho más potente: el conflicto ambiental. Esa narrativa logró dominar el debate y condicionar la percepción social de la minería.

La composición de la negatividad confirma ese escenario. Más de la mitad de las críticas, un 56,5%, estuvieron vinculadas al daño ambiental. A eso se sumaron cuestionamientos por traición política (22,8%), inconstitucionalidad (10,7%) y entrega de recursos (10%). Es decir, el debate no giró en torno a oportunidades económicas, sino a temores, desconfianza y control social.

Del lado positivo, el principal argumento fue el desarrollo y el empleo, con un 32,2% dentro del universo favorable. También aparecieron con fuerza el federalismo (28,5%) y las críticas a la injerencia externa (29,6%). Sin embargo, estos ejes no lograron imponerse en la agenda pública. El dato más preocupante para el sector es que el “productivismo” apenas alcanzó un 8% de presencia en la conversación total, lo que evidencia la debilidad del discurso minero en términos de construcción social.

El mapa de actores es igual de contundente. La oposición y los sectores ambientalistas concentraron el 38% del protagonismo, mientras que los medios y la audiencia orgánica explicaron otro 40% de la masividad. El oficialismo quedó relegado a un rol reactivo con apenas un 14%, sin capacidad de imponer su narrativa.

En ese contexto, el informe también destaca el peso de actores específicos como Greenpeace, que apareció en más de 6.000 menciones, equivalentes al 14% de toda la conversación. Su impacto no fue solo cuantitativo: funcionó como uno de los principales disparadores simbólicos del debate, amplificando el eje ambiental por encima del resto.

Para Pablo Pérez Paladino, director de Enter Comunicación, el escenario que se abre es aún más desafiante. La discusión no terminó con la votación: cambió de terreno. El conflicto se traslada ahora a las provincias, a la Justicia y, sobre todo, a una opinión pública cada vez más activa y vigilante.

El informe advierte que la minería entra en una etapa de “hiper-transparencia forzada”, donde el éxito de los proyectos no dependerá solo de inversiones o exportaciones, sino de la capacidad de responder a una sociedad que monitorea cada paso y cada decisión.

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