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Comunidades y territorio, en el centro del debate sobre los incendios de interfase

Especialistas de siete países analizaron durante dos jornadas las causas y los desafíos vinculados al riesgo de fuego en zonas habitadas. La actividad fue organizada por la Universidad Nacional de los Comechingones y reunió a investigadores, profesionales, organismos públicos y representantes de distintos sectores.
lunes 05 de octubre de 2026
Comunidades y territorio, en el centro del debate sobre los incendios de interfase
Merlo reunió experiencias internacionales para pensar cómo prevenir los incendios de interfase.
Merlo reunió experiencias internacionales para pensar cómo prevenir los incendios de interfase.

La prevención de los incendios de interfase no comienza cuando aparece el fuego. Requiere planificación territorial, conocimiento científico, políticas públicas sostenidas y comunidades preparadas para reducir los riesgos antes de una emergencia. Ese fue uno de los principales ejes que atravesó el II Congreso Internacional de Prevención de Incendios de Interfase, realizado el jueves 1 y viernes 2 de octubre en Villa de Merlo.

Organizado por la Universidad Nacional de los Comechingones (UNLC), el encuentro reunió a especialistas, investigadores, profesionales y representantes de organismos públicos de Argentina, Chile, Uruguay, Portugal, España, Italia y Canadá, que durante dos jornadas compartieron experiencias y distintas herramientas para abordar una problemática cada vez más vinculada con la expansión urbana y las transformaciones del territorio.

Durante la apertura, la rectora de la UNLC, Agustina Rodríguez Saá, destacó el papel de la universidad pública en la articulación entre el conocimiento, las políticas públicas y la sociedad.

Anticiparse al riesgo

Una de las ideas que se repitió a lo largo de las exposiciones fue la necesidad de abordar la prevención mucho antes de que ocurra una emergencia.

Diego Farías, del Ministerio de Bioagroindustria de Córdoba, planteó la importancia de “hablar de fuego cuando el fuego no está”, mientras que Sofía Sánchez, de la Universidad Nacional de Córdoba, remarcó que las estrategias deben construirse junto con quienes viven y desarrollan sus actividades en cada territorio.

Marcelo Alfredo Rey, del Plan de Prevención de Incendios Forestales de Río Negro, puso el foco en la relación entre las políticas públicas y la población. Señaló que disponer de recursos económicos, materiales y humanos no alcanza si las medidas no logran llegar efectivamente a las comunidades.

En esa línea, el coordinador académico de la UNLC, Gustavo Romero, sostuvo que el objetivo debe ser avanzar hacia poblaciones “preparadas, organizadas y protagonistas” frente al riesgo.

El crecimiento urbano y las condiciones del territorio

El vínculo entre los incendios, las actividades humanas y las transformaciones territoriales ocupó otro de los espacios centrales del Congreso.

El investigador del IANIGLA-CONICET Juan Rivera explicó que las modificaciones producidas por las actividades humanas cambiaron las condiciones en las que se desarrollan estos fenómenos y señaló un incremento en la probabilidad y la intensidad de los incendios.

Desde Portugal, Emanuel Oliveira propuso modificar la mirada sobre la relación entre las sociedades y el ambiente. Su planteo apuntó a pensar en la gestión integral del paisaje en lugar de concentrar las acciones exclusivamente en el manejo del fuego.

Nadia Iasich, de la Dirección General de Ordenamiento Territorial de Tierra del Fuego, abordó específicamente la relación entre el crecimiento urbano y el riesgo. Según explicó, los niveles más altos de exposición se encuentran tanto en barrios populares como en sectores donde avanzan nuevos proyectos inmobiliarios.

Los distintos aportes coincidieron en la necesidad de incorporar el riesgo de incendios a las decisiones sobre el uso y la ocupación del suelo.

Preparar a quienes viven en las zonas expuestas

Otro de los temas abordados fue el papel de los habitantes de las áreas que pueden verse afectadas.

El especialista español David Caballero, quien participó de manera virtual, señaló que cuando el fuego alcanza a población dispersa deja de ser solamente un problema vinculado con el combate del incendio y pasa a involucrar también a la protección civil.

Desde Chile, Felipe Zumarán destacó la incidencia del comportamiento humano durante las emergencias, mientras que la especialista canadiense Anabela Bonada presentó experiencias destinadas a involucrar a los propietarios en la reducción de la vulnerabilidad de sus viviendas.

Su propuesta, sintetizada en el concepto Helping homeowners help themselves, apunta a brindar herramientas para que cada propietario pueda adoptar medidas de preparación y protección.

La perspectiva compartida durante las jornadas planteó así una responsabilidad que no recae exclusivamente en bomberos, brigadistas u organismos de emergencia, sino que también involucra a quienes habitan esos territorios.

El desafío de llevar la ciencia a las decisiones

La investigación científica fue otro de los ejes transversales.

Miguel Méndez Garabetti, de la Universidad Nacional de San Luis y la Universidad Nacional de Cuyo, explicó que la incertidumbre forma parte de estos fenómenos y que la ciencia permite cuantificarla para contribuir a disminuirla.

En tanto, Diego Ricardo Bros, de la Universidad Nacional de Misiones y el CONICET, destacó la importancia de conocer las características del combustible disponible para mejorar los modelos de propagación y las predicciones sobre el comportamiento del fuego.

María Inés Campos, autora de La meteorología en la gestión del fuego, llamó la atención sobre la distancia que todavía existe entre el conocimiento producido por la ciencia y su aplicación concreta en la gestión.

La formación profesional también tuvo un lugar destacado. Carina Ré, coordinadora de carrera, remarcó el aporte de las universidades para generar capacidades que permitan responder a los desafíos asociados con la prevención y el manejo del riesgo.

Cooperación más allá de los límites administrativos

La articulación entre instituciones, organismos y comunidades fue otro de los puntos abordados por los especialistas internacionales.

Desde Uruguay, Rafael Sosa señaló que el fuego no reconoce límites políticos y planteó la necesidad de fortalecer la cooperación entre comunidades vecinas.

Silvia Calvani, de Italia, propuso avanzar desde modelos concentrados en la respuesta ante la emergencia hacia esquemas con mayor participación social. En la misma línea, Josefina Bordino, de la FAO, destacó el valor de los conocimientos y la participación de quienes viven en los territorios.

La dimensión estatal también fue parte del debate. Adriana Serquis, diputada nacional por Río Negro e investigadora del CONICET, remarcó la importancia de sostener la planificación y las políticas públicas frente a problemáticas que requieren continuidad.

Francisco Aruta Matsen, de Chile, planteó además la necesidad de revisar las explicaciones habituales sobre las causas de los incendios y profundizar el conocimiento de los fenómenos antes de definir las estrategias de intervención.

Una mirada integral para reducir la vulnerabilidad

Las dos jornadas dejaron como eje común la necesidad de dejar atrás una mirada centrada exclusivamente en la respuesta una vez iniciado el fuego.

La planificación del territorio, la formación profesional, la investigación científica, la preparación de las viviendas, la participación comunitaria y la coordinación entre organismos aparecieron como componentes de una misma estrategia.

El Congreso permitió reunir experiencias de distintos países y poner en discusión herramientas para enfrentar una problemática que combina factores ambientales, sociales y territoriales.

El desafío, según los distintos aportes compartidos durante el encuentro, pasa por transformar ese conocimiento en políticas y acciones concretas que permitan reducir la exposición y preparar a las comunidades antes de que una emergencia vuelva a ponerlas a prueba

Fuente: UNLC

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