2025-05-03

San Luis vive una de sus mayores expresiones de fe: miles de fieles celebran al Santo Cristo de la Quebrada y al Divino Señor de Renca

Miles de personas llegaron este sábado a Villa de la Quebrada y Renca para participar de las festividades religiosas en honor al Santo Cristo de la Quebrada y al Divino Señor de Renca, las dos devociones más importantes de San Luis. Como cada 3 de mayo, la fe popular moviliza a miles de peregrinos, en una tradición que atraviesa generaciones y une historia, religión y cultura.

En Villa de la Quebrada, la misa central se llevará a cabo a las 15 horas en el santuario, seguida por la tradicional procesión con la imagen del Santo Cristo a las 16. La localidad se convierte estos días en un centro de devoción masiva, donde llegan caminantes de distintos puntos de la provincia y el país, muchos de ellos cumpliendo promesas o renovando su compromiso espiritual.

La historia del Santo Cristo de la Quebrada se remonta a mediados del siglo XIX, cuando un vecino del lugar, Tomás Alcaraz, descubrió un crucifijo intacto dentro de un algarrobo. Ese hallazgo fue considerado milagroso y dio origen al culto que hoy convoca a miles de creyentes.

En Renca, también se vive una intensa actividad litúrgica. Este sábado 3 de mayo se celebrarán misas a las 8:00, 10:30, 16:30 y 20:30. La misa central será a las 10:30 y, al finalizar, se realizará la procesión con la imagen del Divino Señor. La ceremonia será presidida por el obispo de San Luis, monseñor Gabriel Barba.

La historia del Señor de Renca se remonta a Chile cuando en 1636 en el valle de Limache, un indio que se encontraba cortando leña para hacer chozas descubre una rama en la que superpuesta y pegada a ella aparece una cruz perfecta y sobre ella aparece como si fuera tallado el cuerpo de Cristo pendiendo de ella.
 
Cuando se corrió la voz del prodigio una mujer muy devota lo llevó a su estancia y le construyó una capilla en donde se lo veneraba como el Cristo de Limache. Pasado unos años, el Cristo milagroso fue llevado al Pueblo de Renca cercano a Santiago de Chile en donde siguió creciendo la devoción hasta que en 1729 un incendio lo destruyó. El pueblo chileno talló uno nuevo e incrustó en él, el pecho carcomido por el fuego del antiguo Cristo. Una persona devota tuvo la idea de tomar algunas astillas de la imagen primitiva para hacer un nuevo crucifijo y así nació la primera copia del Señor de Renca que se venera en San Luis.
La llegada a estas tierras del Crucifijo al lugar que por esa razón recibe el nombre de Renca se relaciona con el arribo de los Jesuitas a San Luis en el año 1732.
 
La población fue creciendo en torno a la devoción y a mediados del S. XIX debido a los ataques de los indios el Cristo fue trasladado para resguardo a capillas del norte salvándolo de los destrozos pero luego fue regresado a su lugar de origen. En 1857 se talló la imagen que hoy se venera en Renca pues un incendio consumió la primera.
 
El Cristo de Renca es objeto de veneración por parte del pueblo puntano y de provincias vecinas. Su fiesta ha sido y continúa siéndolo motivo de expresión de religiosidad popular. Los promesantes llegan a pagar sus promesas y prácticamente todo el pueblo puntano pasa por Renca a “tomar Gracia”.

Ambas celebraciones representan una expresión colectiva de identidad y cultura. Además del componente religioso, los festejos generan un importante movimiento económico y turístico, con la llegada de visitantes, feriantes y comerciantes a ambas localidades.

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