2025-05-13

Cuando la mayoría se calla, el aparato gana (y la oposición ayuda)

Las elecciones legislativas en Villa de Merlo dejaron un dato que debería preocupar a cualquiera que todavía crea en la representación democrática: sobre un total de 21.402 electores habilitados, más del 48% del padrón decidió no votar. Y de los que fueron, 1.524 personas dejaron su boleta en blanco. En un pueblo históricamente participativo, esta desmovilización no fue casual: fue funcional. Porque cuando la mayoría se ausenta, el aparato gana con lo que tiene.

Con solo el 17% del padrón total, Ahora San Luis se aseguró tres bancas en el Concejo Deliberante. No necesitó una campaña brillante ni un proyecto transformador. Le alcanzó con lo que tiene: estructura, militancia disciplinada y una oposición que no le disputa nada en serio.

Porque la otra gran responsable de este resultado es la oposición, especialmente el peronismo, que llegó dividido y con estrategias viejas que ya no convencen a nadie. El Frente Justicialista se presentó como una opción agotada, sin renovación ni músculo político real. Ni siquiera logró canalizar el malestar con el gobierno local. Y lo pagó caro: puso un solo concejal.

Las campañas fueron un desfile de promesas gastadas, candidatos quemados y falta de conexión con las preocupaciones reales de la gente. Mientras el oficialismo apelaba a su aparato y a medios de comunicación afines para manipular la opinión pública, el resto hablaba en voz baja, con discursos reciclados y sin credibilidad. Así, el electorado optó por el silencio: la abstención, el voto en blanco, o el mileísmo.

Porque si algo sacudió el tablero fue el resultado de Tercera Posición, que metió un concejal (Mauricio Lamas) y consolidó, por primera vez, la representación libertaria en el cuerpo legislativo local. No fue una victoria masiva, pero sí simbólica: la derecha dura, a partir del 10 de diciembre, pisará el Concejo Deliberante de Merlo, y no por mérito propio, sino por vacancia de alternativas.

Todo esto, en un marco de implementación de la Boleta Única Papel, que si bien agiliza la elección, expuso que la difusión fue insuficiente y mal dirigida. Muchos adultos mayores -porque lo que también faltó fue el voto joven- no sabían cómo votar, qué se votaba o ni siquiera entendían el nuevo formato. ¿El resultado? Sufragios mal emitidos, nulos, o directamente blancos. Y cada uno de ellos jugó a favor del oficialismo.

La conclusión es cruda pero necesaria: en Merlo, el oficialismo no ganó por mayoría. Ganó porque casi nadie votó. Y la oposición, fragmentada, débil y sin rumbo, lo dejó hacer.

El Concejo que asumirá el 10 de diciembre no representa a una mayoría. Representa a quienes fueron convocados, organizados y movilizados por un sistema que ya no necesita convencer, apenas resistir.

La Tinta de Pierre

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