El tiro por la culata
El intento del actual ministro de Turismo y Cultura e intendente (con licencia) de la Villa de Merlo, Juan Álvarez Pinto, de desprestigiar públicamente a Mario Nicoletti terminó generando el efecto contrario. Lejos de debilitar la figura del histórico ambientalista y referente de Juvennat, el ataque provocó una ola de respaldo de vecinos y vecinas de la Villa y la región, que vieron en sus dichos una maniobra política con motivaciones personales.
El lunes, Álvarez publicó un comunicado en el que acusa a Nicoletti de “doble moral” y de haber construido un complejo habitacional en su propiedad que supuestamente no cumple con las normativas locales. Anunció además que pedirá una investigación y que enviará una nota al Concejo Deliberante para que intervenga en el asunto. La embestida estuvo acompañada por una intensa campaña en medios afines y replicada por funcionarios que actúan como caja de resonancia del ministro, sin cuestionamientos ni análisis propios.
Pero la reacción social fue inmediata: el intento de ensuciar a un referente de la lucha ambiental terminó por exponer los intereses que se ven afectados por sus reclamos. La operación quedó al desnudo y evidenció un patrón de descalificación hacia quienes obstaculizan negociados inmobiliarios impulsados por esta gestión. Varios usuarios señalaron que “lo que Juan dice de Mario, dice más de Juan que de Mario” y que “no importa la ideología, para defender el monte”. También advirtieron que mientras se montan campañas personales, la plata pública desaparece y las calles se arreglan con parches que duran diez días.
Entre las reacciones más fuertes, se repitieron críticas al uso de medios pagos para esconder noticias y al intento del funcionario de desviar la atención de su propia gestión. “¿Y por casa cómo andamos?”, fue otra de las frases que circuló en redes, acompañada de cuestionamientos sobre la falta de dignidad y memoria de quienes hoy señalan con el dedo.
El tiro, como se dice popularmente, le salió por la culata. Y no sólo por el respaldo inesperado que se generó en torno a Nicoletti, sino también porque el oficialismo, habituado a manejarse con soltura en redes sociales, subestimó el efecto boomerang. Cuentan con verdaderos equipos digitales dedicados a amplificar sus mensajes, comentar y posicionar tendencias, pero esta vez no pudieron contener la oleada de repudio genuino que brotó desde abajo, sin guion ni pauta.
La Tinta de Pierre