2025-12-19

Cuando el poder se incomoda: la llegada de Lucía Miranda sacude el Concejo y altera a los Álvarez Pinto

Durante años, el Concejo Deliberante de la Villa de Merlo funcionó con una lógica previsible: el oficialismo proponía, el oficialismo aprobaba y el debate era apenas un trámite formal. En ese escenario, María José Álvarez -hermana del intendente en uso de licencia Juan Álvarez Pinto- construyó un rol protagónico como voz, escudo y defensora del proyecto municipal, con una exposición pública que rozaba la centralidad absoluta.

Todo parecía indicar que esa dinámica seguiría intacta. Pero no.

La asunción de Lucía Miranda, el pasado 11 de diciembre, marcó un quiebre. No solo porque se convirtió rápidamente en la principal referencia de la oposición, sino porque su sola presencia comenzó a alterar un ecosistema político cómodo, aceitado y poco habituado a la interpelación real.

Miranda no llega improvisada. Tiene trayectoria en la función pública, conocimiento de la gestión municipal y, sobre todo, experiencia en un área fundamental para Merlo, el turismo. Conoce el paño, los números, las debilidades y las contradicciones. Y eso, en política, suele incomodar más que cualquier discurso grandilocuente.

La primera señal del malestar no tardó en aparecer. Al conformarse las comisiones del nuevo Concejo, muchos daban por descontado que Miranda integraría la comisión del EMIPROTUR, un ente estratégico para la promoción del destino y el manejo de recursos vinculados al turismo. Pero no ocurrió. Por mayoría, y con una clara conducción política de María José Álvarez, se votó para dejarla afuera. No fue un descuido, fue un mensaje. Y bastante explícito.

Este jueves, en la primera sesión con el nuevo cuerpo legislativo, el clima terminó de evidenciarse. Se debatieron temas sensibles, como modificaciones en los tamaños de lotes en áreas reguladas por ordenanzas de zonificación. Allí, el oficialismo volvió a mostrar su reflejo habitual de tiempos acotados, debate limitado y poca tolerancia a las preguntas incómodas.

Pero esta vez algo fue distinto. María José Álvarez se mostró incómoda, nerviosa, fuera de eje. El protagonismo exclusivo que supo ejercer comenzó a diluirse. La presencia de una concejal que pregunta, argumenta y expone grietas parece haber desacomodado el libreto.

La reacción no se hizo esperar. En cuestión de horas, el hermano ministro, funcionarios y el aparato comunicacional intentaron motorizar una suerte de respaldo público. Una opereta apurada y, por lo visto, poco eficaz. Cuando el poder necesita explicarse demasiado, suele ser porque algo ya no cierra.

El oficialismo lo sabe. Lucía Miranda los interpela. Los obliga a justificar decisiones, a transparentar números, a explicar políticas, sobre todo en materia turística, y a convivir con una palabra que esta gestión evita como puede: transparencia.

Tal vez por eso la incomodidad. Tal vez por eso los nervios. Porque cuando el espejo aparece, ya no alcanza con levantar la mano y aprobar. Y porque, en política, la peor amenaza para un poder acostumbrado al silencio no es la confrontación, sino alguien que sabe de qué está hablando.

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