"El arroyo nos avisa": un llamado a no subestimar las crecidas
Las lluvias de verano vuelven a poner en alerta a la región serrana. En esta época del año, los arroyos crecen con rapidez debido a las precipitaciones que se acumulan en las sierras, aun cuando en las zonas bajas y en el valle el sol siga brillando y el clima parezca inofensivo. El agua baja sin avisar de forma visible, pero siempre da señales.
Este viernes, Bomberos Voluntarios de Los Molles y personal de seguridad intervinieron en varios rescates de personas que quedaron atrapadas por crecidas repentinas. Situaciones que, según advierten desde el cuartel, se repiten año tras año y que muchas veces podrían evitarse. La falta de información, la confianza excesiva o la decisión de quedarse “un rato más” terminan exponiendo a familias y visitantes a riesgos extremos, algunos con consecuencias trágicas que la región ya conoce.
“El arroyo nos avisa”, insisten los bomberos, y por eso difundieron una serie de recomendaciones que buscan cuidar la vida, tanto de quienes viven en la zona como de quienes la eligen para descansar.
Una de las primeras señales aparece en las sierras. Cuando comienzan a verse hilos de agua, escurrimientos o pequeñas cascadas nuevas en las laderas, significa que está lloviendo intensamente en altura y que la creciente ya viene en camino, aunque todavía no se note en el cauce.
El color y el comportamiento del agua también hablan. Si el arroyo deja de ser cristalino y se vuelve turbio, arrastra ramas, sedimentos o espuma, es momento de salir de inmediato. No hay que esperar a que el nivel suba.
El sonido del entorno es otra advertencia clara. Un ruido profundo, constante, similar a un trueno lejano, suele anunciar la llegada de la cabeza de la crecida.
Desde Bomberos Voluntarios de Los Molles recuerdan que las crecidas son repentinas y pueden elevar el nivel del agua varios metros en cuestión de minutos. No hay margen para confiarse ni para desafiar al arroyo.
La prevención, remarcan, es la mejor herramienta para evitar tragedias. Escuchar las señales y actuar a tiempo puede marcar la diferencia entre un buen recuerdo y una situación irreversible.