2026-04-13

El relato tiene un culpable

De reemplazo a chivo expiatorio: el ocaso político de Rodríguez en Merlo

El reloj político corre en Villa de Merlo y el tiempo de Leonardo Rodríguez al frente de la intendencia parece agotarse. A poco del regreso de Juan Álvarez Pinto, quien pidió licencia para desempeñarse como ministro de Turismo y Cultura de la provincia, en los pasillos del poder local ya se habla más de salida que de continuidad.

Rodríguez, que venía cumpliendo su rol de presidente del Concejo Deliberante, asumió el Ejecutivo el 23 de diciembre de 2024. Sin embargo, lo que en su momento fue interpretado como una oportunidad política, hoy devino en una gestión atravesada por críticas, denuncias y un creciente aislamiento dentro de su propio espacio.

La oposición no dudó en avanzar judicialmente, acusándolo de presunta usurpación de título y honores, un golpe que impactó directamente en su legitimidad. Pero el problema mayor parece estar puertas adentro. Sectores del oficialismo, hasta dentro del círculo más cercano a Álvarez Pinto, consideran que Rodríguez se convirtió en un lastre para el tramo final de la gestión.

Las frases que circulan, atribuidas a integrantes de la mesa chica, son elocuentes y despiadadas: “lo dejamos para que cuide la calesita y la chocó”, “no sirve ni para los mandados”. Más que críticas aisladas, parecen formar parte de una estrategia discursiva para instalar un único responsable del deterioro de la gestión municipal.

Bajo ese esquema, Rodríguez aparece como el fusible perfecto. Un dirigente que asumió en un contexto complejo, pero que ahora podría ser utilizado como chivo expiatorio, en un intento de limpiar la imagen del intendente que regresa. Álvarez Pinto, con la mira puesta en recomponer la administración local y proyectar su futuro político -ya sin posibilidad de reelección en 2027-, necesita despegarse de una etapa que, para propios y extraños, dejó más sombras que luces.

La pregunta que sobrevuela es si Rodríguez aceptó ese rol desde el inicio. En política, los reemplazos nunca son inocentes, y no son pocos quienes sugieren que sabía los riesgos de ocupar un cargo prestado en medio de tensiones internas y expectativas desmedidas.

Mientras tanto, crecen las versiones de un posible destino en el Gobierno provincial. Un “ascenso” que, lejos de leerse como premio, suena más a reubicación estratégica. Sacarlo de la escena local podría ser la forma más prolija de cerrar un capítulo incómodo sin profundizar la interna.

Pero, el regreso de Álvarez Pinto tampoco está exento de interrogantes. Su inminente salida del gabinete provincial, tras atravesar la temporada alta turística y el cierre del programa 50 Festivales, responde tanto a necesidades locales como a cálculos políticos. La relación con el gobernador Claudio Poggi y el armado de cara a 2027 condicionan cada movimiento.

Rodríguez, que alguna vez fue mencionado como posible proyecto dentro del oficialismo, hoy habría quedado fuera de carrera. Su imagen debilitada y el desgaste acumulado parecen haberlo dejado sin margen en una estructura que ya empieza a ordenar su futuro.

El tablero político en Merlo se reconfigura pieza por pieza. Y en ese movimiento, Rodríguez sería la ficha que el oficialismo decidió correr. Puertas adentro, lo dicen sin filtros “la familia Álvarez le quiere enchufar a Rodríguez a Poggi”.

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