2025-06-26

El golpe falló

La resolución de la Dirección de Cooperativas y Mutuales que restituyó al consejo legítimo de la Cooperativa de Agua de Merlo marcó el fin de uno de los episodios más graves desde el regreso de la democracia en la localidad. El intento de intervención, impulsado por el interinato de Leonardo Rodríguez y el ministro Juan Álvarez Pinto, quedó al descubierto como lo que fue: un acto antidemocrático, ilegal y sin sustento.

El intento de intervenir la Cooperativa de Agua de Villa de Merlo por decreto fue, desde el inicio, una jugada institucional insostenible. A espaldas de los socios, violando normas, estatutos y la más básica lógica legal, el intendente interino Leonardo Rodríguez firmó el decreto de intervención en lo que hoy puede considerarse un golpe institucional frustrado.

El plan no duró más de 48 horas. La Dirección de Cooperativas y Mutuales de la provincia, lejos de convalidar el atropello, resolvió anular la asamblea trucha del 7 de junio, reconocer al consejo legítimo y convocar a una nueva asamblea supervisada por el Estado. El golpe se desmoronó. Ganaron las leyes, ganó la institucionalidad, ganó la democracia.

Pero el daño ya está hecho. Este capítulo quedará grabado como uno de los más oscuros en la historia reciente de Merlo. Porque no se trató solo de una intervención fallida: fue una maniobra política planificada desde el corazón del poder local, encabezada por el actual ministro de Turismo y presidente del radicalismo provincial, Juan Álvarez Pinto, y ejecutada por sus operadores con total impunidad.

Lo que pretendían era simple. Era tomar el control de una institución fundamental para la comunidad sin pasar por los mecanismos democráticos. Quisieron transformar una cooperativa con casi 60 años de historia en una herramienta más para sus intereses políticos y negocios personales. Fracasaron pero expusieron su verdadera cara.

Rodríguez, un intendente que no fue elegido por el pueblo sino que heredó el cargo por línea sucesoria, mostró desde su llegada un perfil autoritario, reaccionario y torpe. Su firma en el decreto fue el sello final de una gestión interina que nunca tuvo rumbo ni legitimidad.

Hoy, mientras la comunidad celebra el regreso del consejo legítimo a la cooperativa, quedan las preguntas que no se pueden esquivar: ¿Quiénes avalaron esta maniobra? ¿Qué buscaban? ¿Qué responsabilidad tendrá Álvarez Pinto, mentor político del golpe, en todo esto?

Y sobre todo: ¿cuál es el verdadero legado de esta gestión? Una administración marcada por el desprecio a las instituciones, la falta de transparencia, el autoritarismo y la sospecha permanente de corrupción. Una gestión que se recordará no por obras ni por diálogo, sino por su intento de apropiarse por la fuerza de lo que es de todos.

El golpe falló, pero la advertencia quedó. La democracia no se defiende sola. Hay que estar alertas, organizados y dispuestos a enfrentar cada embestida. Porque cuando el poder se ejerce sin límites, la única salida es que la comunidad diga basta. Y esta vez, lo dijo. Fuerte y claro, y, como corresponde, por las vías institucionales.

La Tinta de Pierre

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