2026-06-03

La plaza que no cabía en sí misma

Este 3 de junio volvió a ser masivo en todo el país. En Buenos Aires, una multitud se concentró frente al Congreso. En Córdoba marchó también la familia de Agostina Vega. En Rosario, en Mar del Plata, en Neuquén, en Villa Mercedes, San Luis capital. En cada ciudad con su plaza, su documento, su rabia. Y en Villa de Merlo también.

Las últimas marchas del 3 de junio en Merlo fueron menos masivas. Esta no. La Plaza Sobremonte se llenó antes de que empezara cualquier cosa. Había mujeres, adolescentes, nenas, varones. Ropa negra. Carteles con nombres de víctimas de la región colgados entre los árboles, y otros hechos a mano con la letra de quien los preparó esa mañana: "Yo quiero vivir, no sobrevivir". "Todas las otras que soy yo que somos todas". Uno que decía una sola palabra: "Harta".

No es difícil entender por qué esta vez fue diferente.

Agostina Vega tenía 14 años. La encontraron asesinada en Córdoba después de varios días desaparecida. Tenía la misma edad que Chiara Páez, cuyo femicidio en 2015 fue el detonante de la primera marcha Ni Una Menos. Once años después, otra adolescente de 14 años. El mismo horror. Y encima, una reacción en redes que eligió juzgar a la víctima, a su familia, antes que al femicida. Eso también sacó a la gente a la calle, a las plazas. Eso, y el desmantelamiento de los programas y organismos que se construyeron precisamente para que esto no siguiera pasando.

"No necesitamos que nos cuiden. Necesitamos que no nos maten".

Hubo micrófono abierto. Tomaron la palabra mujeres que trabajan en el territorio, que acompañan víctimas, que conocen las fallas del sistema desde adentro. Las intervenciones volvieron una y otra vez sobre los femicidios, las distintas formas de violencia de género y los retrocesos en las políticas públicas destinadas a prevenirlas y acompañar a las víctimas.

 Luego, se leyó un documento con datos de organizaciones feministas: 105 femicidios en Argentina entre el 1 de enero y el 30 de mayo de 2026. Una mujer cada 35 horas. El 32 por ciento con arma de fuego, el 24 con arma blanca, el 13 por asfixia, el 11 a golpes.

El texto nombraba a Delia Gerónimo Polijo, que sigue desaparecida. A Guadalupe Lucero, también. A Florencia Magali Morales, que “por fin tiene un poco de justicia”. Y una de las oradoras contó que había encontrado entre los papeles de su abuela un fanzine de las II Jornadas Provinciales de la Mujer Sanluiseña, de 1987. Entre sus objetivos: "tomar conciencia de la necesidad de suprimir cualquier tipo de discriminación como modo de garantizar la plena igualdad jurídica, política, económica, educacional y social de la mujer". Casi cuarenta años después, el mismo reclamo.

Siguieron hablando, cantando más voces. También estuvieron mujeres que pudieron contar lo que vivieron. Víctimas de abusos, de golpes, de injusticias. Mujeres que sobrevivieron y eligieron estar.

Después se cantó "Canción sin Miedo" de Vivir Quintana. Cuando terminó, un aullido y los tambores dieron inicio a la marcha.

Arrancó detrás de un pasacalles que decía "Vivas nos queremos". Por calle Los Tilos, por Pringles, por la Avenida del Sol. Con cánticos durante todo el recorrido. A medida que la columna avanzaba, comerciantes salían a mirar desde sus puertas. Algunos por curiosidad. Otros acompañaron con aplausos.

La marcha cortó calles, detuvo el tránsito, ocupó el espacio. Lo hizo sin policía y sin personal de tránsito municipal. No hubo cortes preventivos, igual que no los hubo el 8 de marzo. La movilización se organizó sola, porque el Estado municipal tampoco esta vez consideró necesario estar.

Cuando la columna llegaba al Casino Flamingo empezó a caer una leve llovizna. Sin embargo, nadie se detuvo.

A once años del primer 3 de junio, la consigna sigue siendo la misma. “Ni Una Menos. Vivas nos queremos”. Y el hecho de que siga siendo necesario decirlo es la respuesta a quienes todavía preguntan por qué seguir marchando.

Porque Chiara tenía 14 años. Y Agostina también.

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