2026-02-12

Villa de Merlo

Feria Franca: 24 años de alimentos sanos y comercio justo

Arrancó en 2002, cuando el país atravesaba uno de sus momentos más difíciles, tras la crisis del 2001. Con el objetivo de impulsar la producción primaria y artesanal y generar nuevos puestos de trabajo, la Feria Franca de Villa de Merlo se convirtió en mucho más que un mercado:, porque fue -y sigue siendo- una red de contención, un espacio de encuentro y una forma concreta de resistir desde el hacer.

Durante 24 años ininterrumpidos, este pequeño gran mercado local sostuvo el intercambio directo entre productores de toda la costa de los Comechingones y consumidores, sin intermediarios. Allí, el comercio justo es una práctica cotidiana que fortalece economías familiares y promueve la soberanía alimentaria.

En sus cerca de 30 puestos conviven frutas y verduras agroecológicas, pastas caseras rellenas y secas, mermeladas, panificados integrales y con algarroba, alimentos keto y aptos para celíacos, huevos de gallinas “felices”, quesos y yogur de cabra, miel y derivados de la colmena, aceite de oliva y aceitunas, cerveza y gin artesanales. También hay cosmética natural, fitoterapia, repelentes y perfumes, cremas, shampoo y acondicionador, vivero, brotes, hamburguesas vegetarianas, yerba intervenida con hierbas regionales y hasta colágeno de pollo.

Cada producto cuenta una historia de esfuerzo y convicción. Cada etiqueta tiene detrás manos que trabajan la tierra, amasan, cosechan y elaboran, convencidas de una producción sustentable como contrapropuesta al modelo de agronegocio.

Pero la Feria es también cultura. Los espectáculos musicales y números artísticos que acompañan cada jornada crean un ambiente ameno para recorrerla. Familias enteras caminan por los puestos, comparten un mate y conversan con quienes producen lo que consumen. Es un espacio donde el vínculo humano importa tanto como la calidad del alimento.

Actualmente, funciona todos los sábados de 9 a 13.30 horas en calle El Ciprés, entre Becerra y Pringles. Sin embargo, los productores mantienen la esperanza de regresar a la plaza Sobremonte, para darle vida -al menos por un rato- al espacio público sin tener que cortar la calle para poder trabajar.

A 24 años de su nacimiento, la Feria Franca no solo vende alimentos sanos, sostiene valores. Es la prueba de que, inclusive en los momentos más duros, cuando la economía tambalea y el futuro parece incierto, la organización comunitaria puede echar raíces profundas. Y cuando hay raíces fuertes, siempre hay cosecha.

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